Cada uno de mis proyectos es una pieza de mi rompecabezas. Quiero contarte cuáles son y para eso programé este «multisitio». Además, he incluido una sección de noticias personales, exclusiva de este portal.
Te invito a explorar mis proyectos y a descubrir algunas facetas de mi vida. Este es mi mundo virtual, estas son mis palabras digitales, mi isla en la Gran Web, otra más de las tantas esquinas del multifacético Nata.
Descripción de la faceta 1
Con gloria, lágrimas y una satisfacción enorme puedo decir que finalmente terminé de remodelar Nata.Rocks. Aplausos. No sé bien cuándo comencé, pero fueron días largos llenos de ansiedad en los que aprendí un montón. Por ejemplo, ese poliedro que pue
¡Año nuevo, sitio nuevo! Comenzó el 2025 y decidí tirar la casa por la ventana —¿o debería decir "el sitio por la pestaña?—. Cuestión, que estoy en pleno proceso, y te lo cuento un poco por acá.
No recuerdo nada de aquella mañana. Sé que fue un sábado y que me adoptó la numerosa familia de un pastor bautista al que le acababan de delegar un viejo templo en la ciudad de Rosario.
Mi infancia estuvo marcada por la religión en dos maneras: por haber nacido en el seno de una tradición cristiana (abuelo, padres y tíos pastores bautistas); y porque mi casa era parte del templo que pastoreaba mi padre, en Rosario. Esto hizo que la iglesia y su comunidad fueran parte de mi cotidianidad durante, al menos, los primeros 20 años de mi vida. De todo lo vivido, rescato con mayor agradecimiento la enseñanza musical que me brindó la iglesia. Por ella conocí los himnos y los arreglos de armonía y contrapunto. Por ella, también, vi pasar grupos corales, artistas con instrumentos loquísimos y hasta una orquesta sinfónica. Gracias a esa convivencia con la música litúrgica aprendí canto, guitarra y piano de una forma que se sintió orgánica, natural.
Ambos hitos sucedieron en Bowen, un pueblo al sur de Mendoza, donde pastoreaba mi tío una iglesia local. Durante un sermón, me detuve a pensar sobre el significado de ser "cristiano" y vislumbré una contradicción: si ser cristiano era imitar a Cristo, no debía ser cristiano, ya que el mismo Jesús no lo había sido (entiendan que para mí, ser "cristiano" implicaba un sentido de identidad, un conjunto de normas, valores, límites y prohibiciones que el mismo Jesús no había tenido, ya que nunca fue "cristiano"). Debía descubrir, entonces, quién había sido realmente. Esa idea fue el inicio de una profunda búsqueda de significado que, progresivamente, me alejaría del cristianismo. A la par, un amor de verano inspiraba mis primeros versos.
Hasta entonces, las escuelas, personas, libros y demás obras de arte que conocía habían sido exclusivamente cristianas. La facultad implicó romper ese aislamiento del mundo. Conocí las ideas de Saussure y Benveniste, de Marx y Durkheim. Y conocí también a personas maravillosas que me brindaron herramientas para poder construir un nuevo testamento desacralizado. Comenzaba mi alejamiento final de la iglesia.
Rosario fue la ciudad perfecta para rellenar los espacios vacíos que dejó la religión. La cultura se encontraba en cada esquina y rápidamente me rodeé de circulos literarios y artísticos que fueron saciando mi cada vez más apetitoso gusto por la bohemia.
La facultad me habilitó, entre otras tantas cosas, el mundo del cine. Fue así que escribí, produje y dirigí —todo en en un mismo año— algunos cortometrajes. Junto a algunas experiencias radiales, sirvió para entender que podía ir más allá de la literatura y explorar otras facetas de la expresión artística.
Me contrata la empresa local Digiworkers, de Fabián Chol, para el puesto de Senior Digital Artist. Ni yo entendía de qué se trataba. Igual que en los talleres de la Edad Media, pero en pleno siglo XXI y con herramientas digitales, aprendí un oficio que estaba comenzando a cobrar importancia en un mundo cada vez más globalizado: el Desktop Publishing.
Tras la muerte de mi padre sentí el llamado de las rutas. Comencé los fines de semana —ya que no trabajaba— eligiendo un destino al azar. Poco a poco fui alejándome cada vez más de ciudad natal.
En una de las decisiones más trascendetales que haya tomado, renuncié a mi trabajo como desktop publisher, vendí todo lo que tenía, me casé y embarqué en una luna de miel que duró casi dos años, seis países y muchas anécdotas. Las fotos del viaje pueden encontrarse en Facebook como "Mochilas de miel".
Una de las consecuencias más notorias de mis viajes fue el acercamiento a credos antes inexplorados por mí. En el corazón del Amazonas, al convivir por varios meses con un chamán —que fue un gran maestro espiritual—, tuve un acercamiento al chamanismo y a sus rituales con Ayahuasca. Más tarde conocería el budismo y me toparía con las primeras ideas gnósticas. Años después, también, me dejaría seducir y me enamoraría tanto del Tarot como de la astrología.
Tras regresar a Argentina, retomé mi carrera como Desktop Publisher y, al poco tiempo, nació Cielo, mi primera hija. Sin embargo, se me hacía muy dificil dejar de vibrar en la energía del viaje y, tras casi dos años de experienciar la libertad más pura de todas, las paredes de la oficina me resultaban algo asi como una jaula. Así que le expliqué a mi jefe por qué sería mejor que me permitiera trabajar desde casa. El concepto era novedoso y tuve que insistir varias veces hasta lograr convencerlo. Finalmente aceptó y me convertí en una de las primeras personas en Argentina en hacer "home office". Meses más tarde, y luego de sufrir en primera persona la ola de crímenes y violencia que asoló a Rosario, este logro personal me permitió mudarme de ciudad sin perder mi trabajo. Fue así como arribé en Chajarí, una ciudad mucho más pequeña y segura. Allí, nuevamente al poco tiempo de arribar, nació Gaia, mi segunda hija.
Levanto el telón y salgo a escena con una obra titulada "Esperando el lunes", de Carlos Alsina, dirigida por Adrián Cardozo. Se trató de un momento especial, casi mágico, de mi vida, en medio de una crisis personal surgida tras mi divorcio.
Profundamente decepcionado por los servicios editoriales que ofrecían las casas de publicación, y creyendo firmente que podría hacerlo mejor, fundé la editorial "La luna y el gato". Ese mismo año lanzamos el primer libro, EVERLIFE, una sátira de vampiros involucrados en una estafa piramidal, del autor Federico Bollecich.
En plena pandemia y fruto del aburrimiento —al igual que tantos otros— lanzo mi canal de YouTube "La esquina de Nata".
Tras quedar sin empleo —también producto de la pandemia que asoló, entre otras cosas, el rubro de hotelería en el que se especializaba la agencia estadounidense para la cual trabajaba—, decidí arriesgarme a ser freelancer (trabajador independiente). Tras un comienzo exitoso, fui por más y abrí mi propia agencia de Desktop Publishing: l10n World Studio.
Tenía entre trece y catorce años cuando escribí mi primera canción y no hubo un solo año tras ello en que no haya volcado en música y letra mis pasiones. Lo que significa que, realmente, compuse tantas canciones que ni yo las recuerdo a todas. Lanzar estos primeros singles fue más una promesa —o recordatorio— a mí mismo: la de que debo continuar haciéndolo. La tecnología hoy nos permite poder producirnos en casa —algo impensado cuando yo era adolescente y soñaba ser una estrella de rock. Espero cumplirme la promesa y continuar sacando singles, poco a poco.
Y así hemos llegado a este año, en el que decido revisar lo andado, ordenarlo y presentarlo de una manera espcial. Algo que costó mucho hasta ahora fue el cómo presentarme, ya que he vivido tanto y he amado tanto, que me cuesta definirme como "soy esto o soy aquello". Este sitio me abre la oportunidad de mostrarme tal cual soy, de que me conozcas y comprendas un poco mejor. Hay muchas otras cosas que haré este año, claro está (y los siguientes). Pero si de algo estoy seguro, es que ya no me esconderé más. Ha llegado el momento de devolverle al mundo lo que el mundo me ha dado: variedad, cultura, belleza y libertad.
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